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when men stop being assholes, we'll stop being bitches
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Cawabonga

Quiero una YAAA¬¬
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Colorete

Mi sobrina de cuatro años vive mendigando una pasadita de rouge adulto. Está fascinada con la mágica ductilidad del colorete, el misterio nocturno de la sombra y la insistencia del perfume infantil. Tiene una carterita llena de porquerías: labiales, pulseras, un anillo de diamantes plástico, dos extensiones de pelo rosa, collares, un set de perfumes frutales y un kit de setenta sombras. Sin embargo, su tierna coquetería es un arma de doble filo: la vehemencia con la que se pinta y su incapacidad para respetar el contorno de los labios la acercan más a la caricatura de un payaso trastornado que a la de una princesa.Curiosamente, dentro de diez años, cuando pueda elegir una paleta de colores más discreta, las mismas personas que una vez le ofrecieron rubor generoso, le prohibirán el delineador negro hasta cumplir –por lo menos- dieciseis. La revancha llegará pocos años después cuando intente probar su incipiente madurez abusando del polvo base, del brillo sabor a banana, el delineador para labios, el esmalte de uñas negro o celeste, y el perfume reincidente. Se maquillará con desenvoltura para cualquier ocasión; incluso para ir al supermercado o al colegio por la mañana.A los veinticinco, sin embargo, es muy probable que este ritual se simplifique (y apenas use delineador negro y corrector de ojeras); y una década más tarde, cuando el duro espejo le presente una realidad amarga, abandonará la decoración caprichosa para entregarse al espíritu reparador de la crema antiarrugas, el bálsamo regenerador con vitaminas y el pulverizador de agua termal.Alrededor de los cuarenta y cinco, quizá fantasee con una pequeña cirugía. Su mayor preocupación serán las arrugas, las manchas de la piel y el borde de los labios, que se borra de manera misteriosa con el correr de los años.Recién a los sesenta años volverá a sentir la fuerza de ese primer amor. No habrá aros suficientemente dorados ni rubor más estridente. Todos los collares encontrarán su cuello. Todas las pulseras. Todos los perfumes. Todos los labiales. Como una caja de crayones derretidos reventándose en el piso. Exactamente igual que cincuenta y seis años atrás.

ubit sun

Vos sabrás , me entendás, si descuido a mis espaldas, esta historia se repite otra vez, estoy mal si no encuentro esa cura que me ayude a olvidar la enfermedad, dónde están? las personas que dijeron que estarían siempre, dónde dónde están? no están más, todos presos de su propia, de su propia y mediocre libertad, quise tenerte lejos sin pensar lo que perdí, quise intentarlo solo pero hoy ya lo entendí, cuando estás, vos me haces tan feliz. Decime dónde estás y decime que pensás, porque si estoy equivocado quiero ver que en mis errores me ayudás, porque si dejo de intentar puede que muera solo aca, porque me cuesta tanto cuando vos no estás aca? no me quiero callar, tenemos tanto de que hablar, no ser de esa gente que se ahoga en su verdad, no me dejes caer no quiero ya ceder, si todos se comparan y se mienten a la vez, quise tenerte lejos sin pensar lo que perdí, quise intentarlo solo pero hoy ya lo entendí, cuando estas, vos me haces tan feliz, quise tenerte lejos sin pensar lo que perdí, hoy saber que estas tan cerca y que tu gracias es hasta el fin, cuando estás, vos me hacés tan feliz.

Puede ser

Y todo puede pasar, ya me puedo enamorar, príncipes en las novelas y hombres sobre la tierra.. y todo puede pasar
Lástima que no me ves, lástima que me perdés, lástima que no siempre llega lo que querés..
Y me gustan los valientes, los que siempre van de frente, los que nos sorprenden y te atrapan dulcemente..
Puedo ser dulce, puedo ser perra, puedo ser tuya, puedo ser tu reina.. Puedo esperarte, puedo escaparme, puedo dejarte o simplemente quedarme

Algo personal

Repetis palabras como un loro, sonreis para vender felicidad, preparas tu imagen como un toro, se prepara para muestra en la rural, por las noches revientan las redes, es todo tan superficial, como hacer para escapar? no hay respiro en este lugar
Algo esta mal, la apariencia te vencio a la identidad, algo esta mal, todos bailan al mismo compas, algo esta mal, vas corriendo tras la novedad, algo esta mal

50 contradicciones del mundo femenino

50 contradicciones del mundo femenino
1. Gritar furiosa y llorar desconsoladamente durante la misma discusión. 2. Conquistar a un mujeriego para transformarlo en un hombre de familia. 3. Dejar a ese reluciente hombre de familia para conquistar a otro mujeriego. 4. En una cita, insistir en pagar la mitad de la cena y no volver a salir con él si acepta la oferta. 5. En invierno, salir con una remera diminuta y pollerita y terminar envuelta en un sweater enorme y prestado que dice "Viaje de egresados 1998".

6. Repetir incansablemente que sólo necesitás amor, comprensión y estabilidad, y sentir repulsión por un hombre bueno y simple que te manifiesta frontalmente su devoción. 7. Comprar modernas prendas holgadas y llenas de cachivaches que sólo otra mujer puede apreciar. 8. Ponerse a dieta terminal para ir a un casamiento y comer como una piraña fuera de control durante toda la fiesta. 9. Seguir pretendiendo que los hombres puedan ver lo enojada o triste que estás sin haberles contado nada. 10. Guardar rencor y bronca durante meses y estallar porque se derramó la sal.

11. Analizar tu vida amorosa desglosando cada frase y cada actitud de tu pareja con tus amigas pero cortar una relación si la tarotista asegura que no es el indicado. 12. Enamorarte de un hombre casado porque es incapaz de traicionar a su mujer. 13. Despotricar cuando un hombre pesado e insistente te corteja, y perder la cordura cuando por fin deja de hacerlo. 14. Catalogar a una amiga sexualmente hiperactiva como “una perdida” y a una más selectiva de perdedora o lesbiana encubierta. 15. Comprar una remera de verano en noviembre sabiendo que en enero va a estar a mitad de precio.

16. Dejar a un hombre porque ya no te gusta y que vuelva a gustarte cuando él encuentra a otra. 17. Ponerte ropa nueva para una cita sabiendo que un viejo vestido negro te queda mucho mejor. 18. Hacerte la permante si tu pelo es lacio, plancharlo si está enrulado o teñirlo de rubio si es oscuro. 19. Insistir y esperar cuando la relación está acabada hace tiempo. 20. Morir de amor por un hombre que cría sólo a sus hijos y sentir pena por una mujer que hace lo mismo.

21. Decir que las modelos “son demasiado flacas” mientras te tambaleás por el cuarto día de ayuno. 22. Declarar durante todo el año que celebrar el aniversario es una estupidez y enojarte con tu pareja cuando la fecha llega y se olvida. 23. Seducir a un hombre sabiendo con seguridad que jamás vas a dejar que te toque un pelo. 24. Negarte a dejar los dulces para bajar el colesterol pero hacer la dieta del arroz para usar un vestido. 25. Creer en el horóscopo en las semanas que anuncia cosas buenas.

26. Ir a una fiesta en stilettos y tirarlos debajo de la mesa luego de quince minutos para poder bailar. 27. Hablar de dieta con una torta en la mano y hablar de tortas cuando estás a dieta. 28. Quejarse de que la depilación es un hábito primitivo y gritar de asco cuando tu marido dice que dejes de hacerlo. 29. Tomar sol al mediodía untada en aceite de cocina y comprar crema antiarrugas y gel para contorno de ojos. 30. Declamar una y otra vez fuerte e independiente que sos y simular debilidad e indefensión cuando necesitás de un hombre.

31. Decir que no querés nada para Navidad y secretamente esperar el regalo sorpresa. 32. Remover esos aros divinos de tus inmensas orejas alérgicas, esperar dos o tres días y volver a usarlos. 33. Decir que “lo importante es lo de adentro” cuando tenés un novio feo, y alegar que “la piel es todo” cuando conseguiste uno lindo. 34. Creerle al mismo hombre cuando habías jurado no volver a hacerlo. 35. Perseguir a tu pareja para que colabore en la cocina pero echarlo por inepto en cuanto empieza a ayudar.

36. Espiar y acechar a las compañeras de oficina más vagas e ineptas para amargarte y sufrir. 37. Probarse ropa durante toda una tarde y salir con el primer conjunto que elegiste. 38. Arrancarte los pelos de piernas, axilas y cavado con cera caliente o una máquina eléctrica y llorar cuando te quebrás una uña. 39. Abandonar a tu novio porque es celoso y sentirse fea y desamparada cuando no te celan. 40. Ser capaz de dirigir una empresa de doscientos empleados, un país de treinta millones de habitantes o una familia de doce miembros pero llamar a tu mamá cuando te duele la muela.

41. Dejar la ropa más nueva y linda para salir cuando en realidad pasás cuarenta y ocho horas semanales en la oficina y tres o cuatro en una salida. 42. Pellizcar bebés ajenos, pensar hasta el cansancio los nombres de tus futuros hijos, emocionarse con los embarazos de tus amigas y llorar desconsoladamente el primer día de atraso. 43. Ir a una fiesta o reunión en la que está el hombre que te rompió el corazón. 44. Preguntar si estás gorda para que te digan que estás flaca. 45. Mirar comedias romáticas y melodramas al día siguiente de cortar con el amor de tu vida.

46. Censurar a las amas de casa porque no tienen una carrera y a las que tienen una carrera porque la empleada doméstica cuida de sus hijos. 47. Sentir discriminación si eligen a un hombre para tu puesto pero tener un derrame cerebral de ira si eligen a otra mujer. 48. Llorar con los documentales de los animalitos de “Animal Planet” e hiperventilarse de excitación frente a una cartera de cuero. 49. Considerar que a los sesenta años un hombre es joven, y una mujer una abuela. 50. Bajar de peso, hacerte las uñas, broncearte y vestirte mejor cuando terminás una relación y engordar 20 kilos y ponerte el jogging, cuando empezás una.





Somos lo que no comemos


Me niego a compartir el mundo con mujeres que no necesitan hacer dieta. No puedo aceptarlo. Es indignante, inmoral, imposible. Es una cuestión de principios: si tengo que asumir que algunas comen todo lo que quieren sin sufrir las consecuencias, no quiero seguir viviendo.Supongamos que las mujeres se pueden ordenar de acuerdo a su forma de comer y que en la punta superior están las que apenas prueban bocado (las que se olvidan de almorzar, por ejemplo) y en la otra, la inferior, las golosas insaciables, que como yo, por la noche sueñan con orgías de scones. En el medio quedarían, entonces, las flacas que nunca engordan, las que hacen dieta toda la vida y las gordas resignadas.Las que a mí me interesan, las que hacen dieta toda la vida, pueden ser gordas o flacas. La silueta es lo de menos. Algunas hacen ayunos, otras se entregan a una fuerza superior, y otras se engañan mientras recuperan los kilos de a poquito. Todas son, a su manera, diferentes; cada una cree en un dios distinto. Sin embargo, hay algo que las une. Bajen o no bajen de peso, están destinadas a una dieta mientras vivan y, a diferencia del resto del mundo, no están definidas por lo que hacen, sino por lo que dejan de hacer, o para ser más clara, por lo que no comen.La gorda negadoraMantra: “Yo prefiero tener unos kilos de más pero disfrutar, no me van esas minas que se la pasan contando calorías todo el día”La negadora vive mirando el canal Gourmet y probando recetas de Narda Lepes como Plumcake con amapolas o Shepherd´s Pie, creyendo que en vez de una adicta imparable, es una sibarita. Como no considera sus excesos gastronómicos como un problema, cree que cuando quiera bajar de peso, lo hará sin mayor inconveniente. Porque “cuando ella se pone, se pone”.El problema, sin embargo, es que nunca se pone, que nunca se pesa y que no ve la cantidad que come porque cree que los restaurantes sirven platos pequeños para estirar el presupuesto y que los paquetes que dicen “rinde 4 porciones” en realidad son para uno solo.La negadora siempre hace dieta sola, en su casa, sin consultar a nadie, midiendo la bajada con el talle de pantalón para no enfrentarse a la amarga realidad de la balanza. Opta por versiones extremas, como la dieta de la luna, o la dieta de Atkins, pero después de dos días, cuando se siente una sirena, siempre la deja.La gorda dieteraMantra: “Sí, mayonesa light se puede”A diferencia de la anterior, la gorda dietera tiene la sensación de que vive a dieta desde que tiene doce años. Y digo “la sensación” porque si realmente viviera a dieta, sería flaca.A pesar de que a veces tiene nada más que cinco kilos de sobrepeso crónico, la gorda dietera ya probó de todo: tratamientos, acupuntura, pastillas, actividad física extrema. Cada vez que arranca un nuevo régimen, se entusiasma y dice que está distinta, que no tiene hambre, que no le cuesta hacerlo y que esa es la solución de su vida.Sin embargo, son solo palabras. A las dos semanas inexplicablemente empieza a faltar, deja de pesarse, agrega un poquito de comida, y otras delicias de la vida dietera. Delicias, que, por otro lado, anticipan un fracaso estrepitoso y un encuentro esperable con las harinas complejas.Como la anterior, también vive cocinando, pero para sostener una ingeniería dietética de placebos que la ayuden a sostener el régimen de comidas. Realiza toda clase de recetas en versión light, pasando por tortas, merengues y confituras a base de leche en polvo, edulcorante, gelatina sin sabor y esencias, que si bien tienen menos calorías que sus versiones regulares, son sumamente engordantes de todas maneras.Es la consumidora número uno de todos los disparates light del mercado. Desde crema 0% grasas hasta salame bajas calorías, y aunque sepa que son engaños viles, prefiere creerse que no engordan antes de cerrar el pico.La obsesivaMantra: “En vez de comer un helado, prefiero comerme 1 barra de cereal + 1 vaso de leche con cacao amargo y edulcorante + 1 banana mediana, que tiene las mismas calorías"La obsesiva sabe las calorías de todos los alimentos como un fanático religioso que se aprendió la Biblia de memoria. Tiene teorías propias de combinaciones de ingredientes que aceleran el metabolismo, tés diuréticos y otros hechizos (adora la gelatina y las manzanas por ejemplo, pero jamás mezcla pastas con proteínas) y sufre una relación patológica de amor odio con los hidratos de carbono.Además, vive negociando y calculando el impacto de lo que va a comer como si fuese un corredor de bolsa. Piensa en el gimnasio ya no como una fuente de salud, sino un sistema de reintegro abierto de calorías. Si come un plato de ravioles, por ejemplo, y consume seiscientas calorías en el almuerzo, por la tarde va al gimnasio a quemar otras trescientas para poder hacer una cena más suculenta.Es previsible, entonces, que suba y baje de peso todo el tiempo. Semejante coordinación y montaje de artimañas dieteras, sólo tiene un final posible: engordar.La fabuladoraMantra: “Chicas, chicas, estoy re gorda”La fabuladora no es flaca, es flaquísima. Su actividad principal es decirle a sus amigas que comió un montón de chanchadas e imitar el tamaño de los alimentos con el contorno de los dedos. Sin embargo, todos los que alguna vez la vieron comer, saben que miente; que cuando jura haberse atracado con un millón de empanadas, en realidad quiere decir que le robó un pedazo de repulgue al novio.Para probarle a sus desconfiados interlocutores la veracidad de estos supuestos, la fabuladora ejecuta siempre una prueba física: se contorsiona, se agarra la piel de la panza, y, disfrazándola de rollito, pide que todos miren lo gorda que está.Si además sus amigas hablan de hacer dieta, ella no puede soportar quedarse afuera, y aunque no tenga nada para bajar propone que vayan todas juntas a Figurella o empiecen el mismo día, la dieta Scardale. Si, en cambio, hablan con resignación de lo mucho que comen, ella se muerde el labio inferior y niega con la cabeza mientras repite que no tiene arreglo, que le gustan demasiado los chocolates.La tramposaMantra: “Un poquito no hace nada” “Mañana todo líquido”La tramposa vive dibujando y reagrupando lo que come como un contador evasor de impuestos. Cada vez que rompe la dieta, en vez de empezar de nuevo o de imponerse disciplina, piensa “bueno, comer media banana más es como si antes hubiera comido una banana más grande” o “en realidad no es tan grave, porque es fruta, es pura agua”.Lentamente va estirando y deformando las consignas de la dieta, con tanta destreza, que hasta ella misma se convence de que no baja de peso por un problema metabólico. Si el médico le asigna 100 cc de leche descremada por día, arranca tomando leche entera, después la cambia por yogur, más tarde por queso blanco y después por 100 gramos de queso camembert con galletitas.Siempre posterga el problema o le atribuye el fracaso de su dieta a otros motivos. Se promete a sí misma rutinas de ejercicio para el día siguiente, jura que ese bombón que tiene en la mano será el último y que volverá sin probar bocado de un banquete romano, pero nunca cumple.Por último, hay algunas menos interesantes pero igualmente reales: la terrorista (que sólo consume tomates cherry y coca light por miedo a engordar), la oral (que se la pasa hablando de calorías, nutrientes, colesterol, mientras se come una hamburguesa en un fast food) y finalmente, la madre represora (que como fue gorda de joven ahora persigue a su rolliza hija de ocho años para que el lunes arranque la dieta de la luna con ella).